Editar libros electrónicos (una profesión cualquiera)

¡Hola! ¿Qué tal os encontráis tras el lunes más triste del año? Tras las vacaciones siempre es dura la vuelta a la rutina; sin embargo, para hacerla más llevadera, hoy os traigo un artículo acerca de cómo me convertí en editor de libros electrónicos sin comerlo ni beberlo. ¿Empezamos?

Supongo que tú, querido lector/a, estás familiarizado con el Plan Bolonia y la estructura de los grados universitarios, ¿no? Te explico: entre el tercer y el cuarto curso del grado, existe una asignatura que consiste en realizar prácticas profesionales en una empresa de tu elección. Esas prácticas están concebidas como una manera de acercarte al mundo laboral antes de finalizar tu formación, y suelen ser… un desastre (la mayoría, pero hay excepciones) 😉

En mi caso, opté por realizar mis prácticas en UCOPress, la editorial que forma parte de la Universidad de Córdoba. Tras realizar todo el papeleo necesario y concertar varias reuniones con quien sería a la postre mi tutor de prácticas, ahí estaba, entrando en lo que sería mi espacio de trabajo durante seis meses (aunque luego se alargaron, y yo tan contento).

Para ser sincero, yo no tenía ni la más remota idea de en qué consistía la labor del editor electrónico. Mi familia siempre se ha dedicado al mundo de la impresión y el diseño gráfico, pero aquello se me escapaba de las manos. Tardé más bien poco en comprenderlo; la edición de libros electrónicos (al menos en ese puesto) era una mezcla de tres profesiones íntimamente relacionadas con el ámbito de la traducción: gestor de proyectos, corrector y maquetador.

Tras una semana peleándome con las herramientas de edición que se utilizaban allí, me enviaron mi primer encargo: un libro de relatos cortos. Al principio pensé que iba a ser fácil. En primer lugar, tras echarle un vistazo a los documentos, me di cuenta de que cada uno de ellos venía con una fuente, un interlineado, unos espaciados distintos… Tras preguntar cuál sería el diseño del libro, silencio… ¡A buscarse la vida! Tras ojear varios libros editados anteriormente, me hice una idea de cuáles serían las pautas de diseño a seguir. ¡Un problema menos! ¡A maquetar!

Abro InDesign, creo el documento y comienzo a introducir los textos… Y, de repente, ¡sorpresa! En vez de tres puntos suspensivos, dos. Mayúsculas donde no procedían. Erratas. No puede ser… Uno tras otro, comencé a revisar los textos en busca de dobles espacios, tabulaciones camufladas como dobles espacios… Dos relecturas después, ya habían pasado tres días. Y no había empezado a maquetar.

Definición gráfica de mi estado de ánimo

Dos días después, ya había terminado la edición del libro; estaba listo para subirlo a la plataforma de compra. Mi primer e-book… Un último vistazo y a continuar con el siguiente. Sin embargo, en solo cinco días, había aprendido muchísimas cosas que no estaban relacionadas con ese puesto en especial, sino con prácticamente cualquier puesto de trabajo hoy en día:

  1. La ley de Murphy existe: si algo puede salir mal, saldrá mal. No podemos dejar nada al azar; desde la recepción de los documentos, ese trabajo era mi responsabilidad para bien o para mal. Siempre surgen contratiempos que hay que saber solventar rápidamente y de la mejor forma posible.
  2. Hay que tener cuatro ojos: la mayoría de textos que pasan por nuestras manos cada día contienen erratas o errores que se podrían solventar con una relectura rápida. Desde mi punto de vista, el cliente merece la mejor calidad posible, por lo que hay que procurar ofrecérsela.
  3. La formación es básica: es duro ser consciente de ello, pero ahora mismo la competitividad en el mercado laboral es tan voraz que ya no basta con poseer un título y saber esto o lo otro. Cuanta más formación adquieras y más herramientas sepas utilizar, más fácil te será encontrar trabajo.

Tras el primer libro electrónico, llegó el segundo y el tercero… Y cuando me di cuenta, mis prácticas finalizaron. Tengo un grato recuerdo de UCOPress, y todavía sigo colaborando con ellos siempre que puedo. Aunque no fueran unas prácticas remuneradas, siempre me sentiré en deuda con esa empresa que me ofreció mi primera oportunidad laboral.

Esto es todo por hoy, espero que te haya gustado el artículo. ¡Hasta la próxima!

Una última cosa… ¿Nos vemos en Twitter o LinkedIn? 😉

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